El pasado viernes
18 de mayo, en el marco del “2° Festival de poesía La Chascona 2018” se
celebró la entrega del Premio a la Trayectoria Poética Pablo Neruda a
Astrid Fugellie. Con un lleno total en el Espacio Estravagario, el evento
inició con la lectura de poetas jóvenes para luego dar paso la performance de
un grupo de alumnas de la Escuela Moderna de Música y Danza. Los poetas Leo
Lobos y Tatiana Orellana realizaron una presentación de la obra y trayectoria
de la poeta magallánica, quien recibió luego su diploma del Premio a la
Trayectoria. Astrid Fugellie Gezan (Punta Arenas, 1949) durante su discurso de
agradecimiento señaló que este era “el premio más lindo del mundo”. Luego,
realizó una contundente lectura de su obra poética. El evento continuó con la
lectura de poetas jóvenes y finalizó con un recital de música a cargo de
Darkesa. Agradecemos a todas y todos los poetas participantes y en especial a
Radio Federación, quienes transmitieron en vivo para sus auditores. Los
invitamos a seguir todas las actividades de poesía, música, danza y performance
del Festival de Poesía La Chascona 2018.
miércoles, 23 de mayo de 2018
martes, 23 de mayo de 2017
¿La que volvió… es la misma?
Algunas palabras para El faro, quirófano al
Noreste.
Por Cecilia Palma
Astrid Fugellie
Gezan, poeta perteneciente a una generación que creció y se desarrolló en un
país totalmente distinto, protagonista de la diáspora y testigo del violento quiebre
de nuestra democracia, es la autora de este poemario El Faro, quirófano al Noreste, libro editado por Cuarto Propio y que inicia con un
excelente prólogo de Christian Formoso.
Ricardo
Blume escribió que en un contexto en el que la vida se ve amenazada, “la
conciencia de la precariedad humana exige la presencia de otra realidad”; y tal
vez por ello, Astrid ha pasado durante su poética, entre otros muchos temas,
por la identificación personal con algunas de nuestras etnias, por ejemplo,
simbolizando a través de sus versos el abandono, la soledad o el despojo.
Ahora, con este Faro con el que hoy
alumbra a la poesía chilena, ella aborda en sí misma la orfandad y el desamparo
a través de un cuerpo inerte que está desertando de la vida.
No es
azaroso que comience su poemario con dos citas que conmueven. Una, de Conrad, en
la que se pregunta si aquel que volvió a vivir es el mismo que fue… advirtiendo
que su grito, o más bien, sus gritos en ese retornar, eran el respiro del
regreso…
El otro
epígrafe es de T.S. Eliot, y nos acerca aún más a lo que se viene en las
páginas posteriores, pues la imagen que el poeta compara es, precisamente, la
de un ocaso con un quirófano en una partida, una ruta entre calles medio
desiertas…
Precisamente.
El libro de Astrid se encuentra atravesado por la voz de la consciencia de una
mujer -ella- que comienza un viaje irremediable e intransferible sobre una
camilla a través de una línea o sobre un borde confuso e inestable acercándose
a una frontera desconocida cuyo límite está develándose.
Estos
hechos tan dolorosos la llevan a resolver el desarrollo del poemario concretiza
dando una revalorización del ser, del yo conflictuado fuertemente, casi hasta
el punto del quiebre.
En el desarrollo
de este libro hay tres fechas relevantes para la autora: invierno de 2008,
primavera del 73 y verano del 50; de manera que en este ir y venir entre la
vida y la muerte en ese peregrinaje íntimo y personal, la paciente-hablante nos
lleva a lomo de sus magistrales versos entre estas cronologías. Es así,
entonces, que el libro comienza ubicándonos en un espacio tiempo y en un
periplo radical. Cito:
invierno del dos mil ocho dice: rauda
es la camilla
soplado su esqueleto cruza
pasa corredores salta los recintos
la camilla cruza sí
cede
En este
poema la autora nos pone en contexto de fecha (2008) y de lugar (que está
insinuado); y, les imprime, además, una urgencia:
rauda, soplado su esqueleto cruza, pasa, salta…
En estos
cinco versos del primer poema, Astrid nos devela el corpus, la columna que
sostiene el libro, a través de la cual, su voz nos va permitiendo acompañarla
en sus recuerdos y emociones en ese estado límite, por la franja que divide
aquello que es desconocido, con este lado donde la realidad –la suya-, la
espera.
Es un
viaje donde el consciente se mantiene alerta, aunque sus ojos estén cerrados,
su boca no hable o su cuerpo permanezca inerte, porque el juicio existe,
percibe, siente. Sabe, por ejemplo, en qué minuto la manivela actúa; artefacto que
se transforma a lo largo del libro en un símbolo de conexión entre una realidad
y la otra.
los ecos retumban
manivela
des
valida
la vida lloriquea
La autora
reemplazó la modernidad del botón (que ya existía para el 2008) por la antigua manija
qu,e al hacerla girar al lado de los catres y camillas, cumplía con la función
de levantar o recostar a los pacientes dependiendo de sus necesidades médicas.
La manivela es, sin duda, protagonista del poemario, y es a través de ella que
Astrid nos despierta y nos dice, estén atentos que estoy dejando de respirar.
Necesito oxígeno, estoy cayendo al abismo…
lanceta cayendo su
corte es punzante: -¡de
cuajo al
latido!- dice
manivela
el abismo
El libro
posee, como la autora nos tiene acostumbrados, un lenguaje depurado, trabajado
con mucho cuidado, con amor. Cada poema contiene un conjunto de palabras que
están ahí porque tienen que estar. Nada es al azar, ningún corte, ningún signo
está fuera de su lugar. Es un claro ejemplo de aquello que nos hablara Pound en
su ensayo “El arte de la poesía”; en el que señala, o más bien aconseja, no
enturbiar la percepción de un sentido intentando expresarlo en términos de
otro. Hay que buscar la palabra exacta, dice; “la palabra justa”… y ella,
Astrid, la posee.
Sin lugar
a dudas, Astrid Fugellie es una de las voces más trascendentes de la poesía
chilena, poseedora de una mirada amplia y variadas voces poéticas; es original,
y por qué no decirlo, vanguardista. Ella se atreve, inventa, juega con las
palabras y las palabras trascienden. Su pensamiento y sentimientos están
contenidos de forma armoniosa en cada trenza que teje y que convierte en un
poema único.
Ella nos
va revelando de manera paulatina su divagar por un hades que tal vez es otro
plano u otra realidad, fundiéndose suave con aquello que está sucediendo en la
sala de operaciones.
En la
página 59 nos regala un poema tremendo que nos cambia el escenario y nos
devuelve a 1973. Un texto fuerte y agudo que nos incorpora como actores del
Golpe:
primavera
de setenta y tres dice:
la queda
es el toque de la queda
son las luminarias apagándose
son los hombres des
apareciendo
es la muerte cabalgando
son los ojos muriendo los ojos: -y el
malaventurado
zarpazo, golpe,
y ¡golpe!
Todos sufrimos todos sufrimos TODOS
Entonces
La otra
fecha, verano del 50, es época de nacimiento para Astrid “…faro
imaginario, dimensión de la mar oscura/manivela ay: -¡qué vida más muerte!”,
dice. En estas páginas entramos en ese alumbramiento doloroso en el que ella se
transforma en el milagro de la vida, en la diosa que será luego la misma mujer
que verifica si sus huesos y sus órganos están aún con ella cuando despierta en
el quirófano.
Este tránsito
de Astrid en la sala de urgencia me recordó en algo a Borges y sus recurrentes
tópicos literarios, como el viaje, la búsqueda y el regreso, el reverso y el
anverso… temas que siempre apuntan a un conflicto vital profundo, que es lo que
precisamente tenemos en este libro. La autora está transmitiendo una de las
experiencias más intensas que un ser humano puede pasar; y estoy cierta de que transformarla
en poesía debió ser para ella como volver a vivir lo que tanto dolió; de manera
que los años que tomó en escribir este libro extraordinario, son los que tenía
que demorar en masticar, en tragar, respirar y sanar, porque -y con esto no
descubro la pólvora- escribir para un poeta es “vivir” cada imagen y cada
palabra; es como sentirlas desde la panza. De manera que, dicho esto, considero
a Astrid Fugellie no sólo una poeta intensa y magnífica; sino que, además, una
mujer doblemente valiente: sobrevivió dos veces a una misma muerte.
¡Manivela!
viernes, 12 de mayo de 2017
Presentación libro de poemas “El Faro, Quirófano al Noreste”, de Astrid Fugellie
Marisol Vera, Directora de Editorial
Cuarto Propio, tiene el agrado de invitarles al lanzamiento del libro: “El
Faro, Quirófano al Noreste”, de Astrid Fugellie Gezan.
La obra será presentada
por Marisol Vera y Cecilia Palma, connotada poeta chilena.
martes, 9 de mayo de 2017
"El poeta de este mundo", de Jorge Teillier
a René—Guy Cadou (1920-1951)
Poeta de nombre claro como un guijarro en medio de la corriente
reunías palabras que eran pedernales
de donde nace un fuego que no es olvidado.
René-Guy Cadou, amigo del tonelero, el cartero, el aduanero y
el contrabandista,
vivías en una aldea de seiscientos habitantes.
Allí eras profesor rural,
el peso del olor del jardín vecino sofocaba la sala de clases
como a la sala de clases donde tu padre había sido maestro.
Te gustaba hablar con la gente de cara parecida a ollas de greda,
caminar descalzo,
ver jugar a las cartas en la taberna.
En la noche a la luz de un fuego de espino
abrías un libro mientras Helena cosía
(“Helena como una gota de rocío en tu vaso”).
Tenías un poeta preferido para cada estación:
en otoño era Verlaine, la primavera te traía todas las rosas
de Ronsard,
el invierno llegaba con el chirriar del carruaje del Grand Meaulnes
y la estación violenta
el ruido de espadas entrechocándose en una posada de
Alejandro Dumas.
Tú nunca estabas solo,
te iluminaba el recuerdo de tu padre volviendo de caza en
el invierno
Y mientras tus amigos iban al Café,
a la Brasserie Lipp o al Deux Magots,
tú subías a tu cuarto
y te enfrentabas al Rostro radiante.
En la proa de tu barco
te asomabas a ver los caminos de tu país de hadas y pantanos,
caminos trazados como las líneas de un cuaderno de copia.
Tus palabras llegaban
como pájaros que saben que siempre hay una ventana abierta
al fin del mundo.
Y los poemas se encendían como girasoles
nacidos de tu corazón profundo y secreto,
rescatados de la nostalgia,
la única realidad.
Tú sabías que la poesía debe ser usual como el cielo
que nos desborda,
que no significa nada si no permite a los hombres acercarse
y conocerse.
La poesía debe ser una moneda cotidiana
y debe estar sobre todas las mesas
como el canto de la jarra de vino que ilumina los caminos
del domingo.
Sabías que las ciudades son accidentes que no prevalecerán frente
a los árboles,
que la poesía no se pregona en las plazas ni se va a vender a
los mercados a la moda,
que no se escribe con saliva, con bencina, con muecas,
ni el pobre humor de los que quieren llamar la atención
con bromas de payasos pretenciosos
y que de nada sirven
los grandes discursos tartamudos de los que no tienen nada
que decir.
La poesía
es un respirar en paz
para que los demás respiren,
un poema es un pan fresco,
un cesto de mimbre.
Un poema
debe ser leído por amigos desconocidos
en trenes que siempre se atrasan,
o bajo los castaños de las plazas aldeanas.
Pocos saben aquí lo que es un poema,
pocos han puesto su cara al viento en medio de un trigal;
pocos saben lo que es un poeta
y cómo debe morir un poeta.
Tú moriste en un cuarto en donde se congregaba toda
la primavera
mirando un cesto con manzanas.
“He visto morir a un príncipe”
dijo uno de tus amigos.
Y este Primero de Noviembre
cuando me rodean los muertos que siempre están conmigo
pienso en tu serena y ruda fe
que se puede comprender
como a una pequeña iglesia azul de pueblo
donde hay un párroco que no pide sino compartir su pan.
Tú hablabas con tu Dios
como al pobre hijo de un carpintero,
pues también sabías que se crucifica todos los días a un poeta
(Jesús tenía treinta y tres años,
Jean Arthur también era Cristo
crucificado a los treinta y siete).
Pero a ti no te importaba que te escupieran la cara o te olvidaran
porque como tú lo decías, nadie puede impedir a un pájaro que
cante en la más alta cima,
y el poeta derribado
es sólo el árbol rojo que señala el comienzo del bosque.
Jorge Teillier. En Muertes y maravillas, 1971.
jueves, 4 de mayo de 2017
Alba
En la mitad del campo aún apenumbrado
una casa se dora de pronto y un almendro en flor,
se enciende, solo, revelando a mis ojos
la inminencia del sol.
Y un árbol solemne, más alto entre los árboles,
se incendia y en su masa de verdor luminoso
el viento matinal rosado y frío
hace temblar un crespo desorden,
una ola de felices detalles.
Los olivos en tanto, van naciendo, creciendo,
con su fina silueta nebulosa de plata.
Se revela, callada, la rosa de Judea.
Se revela el rizado esplendor de los pinos.
El contorno de las cortinas se revela.
Todas las cosas en luz y sombra se definen.
Cada fragmento empieza a vivir su propia forma.
Y se hace la demostración de cada hipótesis.
Ya se distingue cada objeto.
Ya cada hoja puedo distinguir.
Ya no se puede dudar más...
Los nombres se han posado definitivamente sobre las cosas.
Y lo que está a punto de ser se declara, se aclara y aparece...
Paul Valéry
viernes, 14 de abril de 2017
Mujeres al fin del mundo
Mujeres al fin del mundo. Voz poética de la mujer en Chile 1980- 2016. Ediciones Orlando. Participan las poetas Astrid Fugellie Gezan, Wilma Borchers, Cecilia Palma, Maha Vial, Miriam Leiva Garrido, Karina García Albadiz, Rosa Elena Sáez, Rossana Arellano Guirao, Consuelo Martínez Astorga, Marianela Puebla, Natalia Morales Rojas, Lorena Rioseco Palacios, María Cristina Ogalde, Pilar Riveros Fuentealba, Lidia Mansilla Valenzuela, Daniel Guerrero González, Mío Araujo, Ingrid Odgers Toloza.
martes, 21 de marzo de 2017
"Los círculos" en catalán
Primera edición en idioma catalán de "Los círculos", de Astrid Fugellie Gezan. Traducción: Margarita López. Revisión de la traducción: Miquel Altadill. Rúbrica Editorial. Catalunya, septiembre de 2015.
miércoles, 15 de febrero de 2017
Prólogo al libro “El Faro, Quirófano al Noreste”, de Astrid Fugellie
“El Faro, Quirófano al Noreste”, Astrid Fugellie Gezan. Editorial Cuarto
Propio. Poesía. Santiago de Chile, 2017.
Este libro de
poemas de Astrid Fugellie nos sitúa en la voz de la conciencia de una mujer que
viaja sobre una camilla de hospital, entre los bordes temporales y materiales
de su vida y de su muerte. Emparentada con La
amortajada, o cercana a una escritura in
extremis como la de Enrique Lihn, Gonzalo Millán o Jorge Torres en nuestra
tradición más cercana, este libro es, sin embargo, lo que Baudelaire llamaría –y ahí su diferencia– el testimonio
de una convaleciente que vuelve de las sombras de la muerte y que, a punto de
olvidarlo todo, recuerda todo con ardor.
Dentro de un cuerpo-andamiaje, desde una veta fría y voceante, la
hablante de estos poemas enfrenta el residuo y la ruina de su cuerpo, de su
lengua y de su vida. Un viaje situado y anclado en el invierno de 2008, que retrocede
y avanza a la primavera del 73, al verano del 50, a la sombra y el golpe del
nacimiento, a la grieta que deviene cicatriz, y a las señales omnipresentes de
la violencia. También a la luz del nacimiento y al haz de luz sobre un bisturí:
herida y corte, extremos ambos del nacimiento y el cuerpo del poema.
En la conciencia del viaje y el residuo del periplo, la hablante de El Faro… encuentra y reconoce –a pesar de la sombra, el caos y la oscuridad misma del
viaje– un soplo de vida, la fuerza creativa y su irradiación.
Es la luz de la escritura, el eje del mapa, la diferencia entre el vivir y el
morir, la poesía que deviene en canto. Canto de ritmo –claro– pero también canto
de borde al que aferrarse. Y no desde una imaginada plenitud, sino –y esta es
su lucidez más salvaje– desde el ciclo
natural de sus enfermedades y cicatrices. Porque todo forma parte de ese canto
de ritmo y de borde: los amores perdidos, los viejos roles y la lengua vieja, las
promesas incumplidas, los sueños nacionales, el detritus de la alta cultura de occidente,
la memoria maleable, la ciudad y el circo y la metáfora fílmica, el golpe y los
zarpazos y las eternas “moraduras” –moraduras
de contusiones y de lugares–. En el vivir esa
dualidad entre el post-golpe, la sangre cuajada, y el goce vital y resistente
capaz de mancharle la superficie al dolor, está la mirada de estos poemas. Sus
hechos profundos están en el aferrarse a la vida con un canto feroz de
resistencia y de conciencia; en el rechazo a la historia de la muerte –y no a su
ciclo natural–; en el tener a la lectura por compañera; y en el fundar
un epílogo donde los extremos que van desde la afasia a la risa, se hacen uno en
un faro que a su vez se hace verbo.
En la ya vasta y
excelente obra de Astrid Fugellie, podríamos leer y pensar este libro desde lo
que para Gourgouris representa el estilo tardío; es decir, aquellas obras donde
hallamos la deconstrucción de un yo que, desde ese precario reino del exilio
–el de una mujer en una camilla, a punto de morir–, se desafía a
sí mismo y a sus lectores, a hallar las debilidades del presente, los
paliativos del pasado y la búsqueda del futuro. O como lo tardío al decir de
Said y Adorno; esto es, no como armonía ni resolución, sino como dificultad y
contradicción: sobrevivir más allá, realzar y dramatizar lo irreconciliable y la
dificultad de lo incomprensible. Y seguir.
Hay una búsqueda
y una apuesta total y personal en estos poemas. Pero también hay más: lenguas y
márgenes, intersticios y cuerpo, son también lenguas, márgenes e intersticios del
cuerpo marcado y golpeado de las p/matrias chilenas. Y canto de alegoría y de
experiencia. Vaivén entre lo íntimo y lo plural, y lo personal y lo múltiple. Señal
de ruta para hacer de este viaje de lectura por los bordes, la arqueología y la
genealogía de nuestras cicatrices y nuestras memorias. Más que por refundar, Astrid
Fugellie apuesta –mucho más lúcidamente– por problematizar
nuestras lenguas. Y por salir, por luz y por la luz de la escritura –intensa y
hermosa por cierta y honda la suya–, hasta hallar esas
lenguas que, desde la resistencia y la conciencia, permitan el renacimiento y
el canto.
Christian Formoso
miércoles, 9 de noviembre de 2016
Los cuatro elementos fundantes en cuatro microficciones de Mariela Ríos Ruiz- Tagle
Si
bien es cierto el micro relato es, por identificación, un relámpago, un flash,
una condensación, un quebrantamiento, y/o “una
inquietante fragilidad”, según Augusto
Monterroso, entre otros-as, no es menos verdadero, también, que en opinión
de Borges, cito: “este género posee un rigor más severo en su
construcción, y una prosa menos decorativa pero más pudorosa y más limpia”.
En
Chile la micro ficción surge en los años 80, cuando la Dictadura Militar
desbastaba la libertad de expresión del artista que, entonces, se vio obligado
a buscar otra estética que diera cuenta de la fragmentación social de la que
éramos objeto.
Surge
entonces la brevedad, la mini ficción, el mini teatro, la micro danza,
necesario argumento para reelaborar una civilidad rota.
No
obstante lo dicho, que por cierto está en el libro Hija Única, he querido hacer un cambio de imaginario y/o paradigma.
Tomo
entonces los cuatro elementos fundantes; me refiero al agua, a la tierra, al aire
y al fuego para, enseguida, aplicarlo a cuatro mini relatos de Mariela Ríos
Ruíz Tagle en Hija Única.
El agua, la tierra, el
fuego y el aire
Luego
de caminar largos años nuestra literatura, la chilena evidentemente, he llegado
a leer estos cuatro elementos en cuatro magistrales exponentes de nuestra
lírica. Me refiero a Neruda, (agua), Mistral,
(tierra), De Rokha, (fuego), y, Huidobro,
(aire) y que, coincidentemente para mi satisfacción, los encuentro en nuestra
autora en particular.
Pablo Neruda, ejemplo vivo del agua
dice, cito: “…Cada uno avanza embargado
en aquella soledad sin márgenes, en
aquel servicio verde y blanco, los bosques derribados…la soledad, el agua…”
Se
trata entonces, del primer cimiento que vislumbro en el texto Hija Única de Ríos Ruiz Tagle, y su introducción al agua como elemento fundante, cito pág. 22:
“…Uno a otro se
comunican, se entienden, se hablan, se unen, se separan, se abren, se
distienden, se tocan, se besan, se trasmutan, se nublan, se pierden, se
inundan, se vierten, se llueven, se mojan, se engrandecen, se empequeñecen, se
vuelven locos todos los nervios de mi cuerpo al verte.”, (Espasmo).
Me
convence, ahora, mistralear con Gabriela los
contornos de la lengua y mistrando, me sumerjo en ella, acaso el Valle del
Elqui donde Lucila refirió a su idioma:
cito: ”…
en el tiempo en que yo me peleaba con la lengua, exigiéndole intensidad, me
solía oír, mientras escribía, un crujido de dientes bastante colérico, el
rechinar de la lija sobre el filo romo del idioma…”
Clave
simbólica en Ríos Ruiz Tagle, la
existencia humana que nos dilucida aquello único, irrepetible e intransferible
que somos, cito, pág. 107:
“…El cielo se oscurece
y alguien toca un saxo a lo lejos.
La melodía se va
alejando en la medida que camino por la avenida, los largos árboles silenciosos
me acompañan, las flores que comienzan a nacer, las parejas sentadas en los bancos, las nubes arriba, ese gatito inquieto en la esquina, todos me
acompañan.
Todos menos tú. (Ausente).
Redondeando
estas micro ficciones de Ríos Ruiz Tagle,
sus nudos, los atados y des-atados, sus hechos y sus desechos, surge el fuego
de Pablo, nuestro Pablo de Rokha, cito: “…Al poema como al candado, es menester
echarle llave; al poema como a la flor, o a la mujer, o a la ciudad, que es la
entrada del hombre…”
Mariela Ríos Ruíz Tagle aborda al fuego-amor
en toda su intensidad, su fragmentación temática es notable en esta hechura, cito pág. 61:
“… La pregunta estaba escrita en tus ojos,
pero como nunca te miraste al espejo, no pudiste saber que yo era la respuesta”. (La Ceguera).
Lo
trascendente como factor cumbre y concepto vuela, arrima y sumerge en el aire, el
aire que es y versifica Huidobro, cito: “…Cae / Cae eternamente / Cae al fondo del infinito / Cae al fondo del
tiempo…”
(Conviene
recordar aquí, también, La joven del abrigo largo, micro ficción de Vicente
Huidobro).
Coincidentemente
Ríos Ruiz Tagle también es
protagonista de este torrente, cito 88 “…Tiraré los años por el balcón, como son delgados, de la mano del
viento, se convertirán en pestañas de algún astro cercano.
Hoy quiero dormir con
mis ojos abiertos. (Sonámbula).
Suscribiendo
a la premisa de Bloom, “todo género es poesía”, y, apelando a lo que también sé, suscribe Mariela porque es poeta y sabe de lo
breve, lo leve, de la síntesis, que en definitiva, es una aspiración de larguras en el arte, y en
su estética, he considerado indispensable traer a colación a estos cuatro
padres literarios con sus respectivos elemento fundantes, para recomendar a
nuestra escritora con su tale, Hija Única, como a una ráfaga efectiva, una story, un yarn, un sketch, que estoy cierta y convencida, todos y cada uno de ustedes engullirán solaces
por goce, por deleite hacia esta maravillosa escritora y, escritura.
Gracias amiga querida,
gracias.
Astrid Fugellie Gezan
Poeta
viernes, 7 de octubre de 2016
Algo no termina de suceder
¿Qué es aquello que desliza un rumor
de otoño o de rama primaveral en frente de una ventana agazapada en la sombra?
¿Cuánto de posibilidad o de abismo tiene el lento amanecer o el inevitable
monólogo, apenas se despereza la memoria?
Algunas intensidades existen como un
clamor imposible de satisfacer. Están llamadas a perdurar y a repetir sin
mengua inquietudes que, por momentos, son abrumadoras y, en otros, sólo parecen
encogerse con tal de desplegar sus bríos de marejada, en cualquier momento.
La otra voz, que mentamos poesía, es
la renovación del oleaje íntimo del ser humano. Sin titubeo, puede atribuirse a
aquella un incansable insomnio. Vela cuando gobierna el sueño; aleja la
inmediatez para ser vista con más fidelidad; recompone las distancias y reanima
lo exánime.
Comprobamos lo dicho en Libro del mal morir, poemario de Astrid
Fugellie, de quien se conoce una obra de reconocida calidad. Las jornadas del silencio; Los círculos;
Dioses del sueño, son algunos de sus libros.
Los poemas de Astrid acogen la
constancia de la memoria, principalmente en sus visiones audibles y, ya conozca
de un desarrollo amplio o corresponda a un pispar instantáneo, en apariencia,
deja abiertos los textos, como quien interviniera en el reino del silencio,
para después sumergir la atención en espera de nuevos hallazgos.
“y esto:/
para que los verbos que tramas sean liturgia/ una boca llena de flores//y
esto:/ para cuando quedes en tu nombre, y no en ti/ como un muñeco hecho de
margaritas//y esto:/ para cuando te sorprenda el morir,/ con los mismos ojos
que naciste”. (Di-vagando).
Lengua de sí y consigo, los textos
de este libro reiteran algunas posibilidades gráficas: los signos exclamativos
y los guiones separadores, o de una vez la fragmentación de numerosos vocablos.
Unos y otros pretenden aumentar el énfasis que nutre esta escritura. Y es que
la voz interna piensa, recompone, vuelve a sí las presencias diluidas y las
descoloradas promesas de la existencia, confrontadas en una distancia, que es
aquí, y en un antes o en un porvenir, que son ahora.
“te vas y
yo sigo sobre la tela/ brumosa, mis ojos observan tu in/ movilidad: alma en
pena que, de un/ instante al otro, se desprende, se frac/ciona, se escapa, y a
la hora/ de la vacuidad, ¡muerte viva!, cami/na con lentitud mis vaciadas
entra/ñas como si las manchas se hicieran/ para adentro: sin cara para lavar/
los ojos, sin ojos para lavar el/ alma”. (Las
manchas)
El libro de Astrid Fugellie
pertenece a la poesía; y ésta es un habla que permite soportar lo vivido y lo
no vivido, que no termina de suceder.
Juan Antonio Massone
La Prensa, Región del Maule, 6-X-2016
La Prensa, Región del Maule, 6-X-2016
lunes, 26 de septiembre de 2016
Poemas publicados en revista Casa Palabras
Selección
de poemas publicados en “Casa Palabras”, número 19, febrero de 2016, revista
cultural de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, en la sección Dossier Chile, con
motivo de la Feria Internacional del Libro de Quito 2015, que se celebró del 13
al 22 de noviembre, que tuvo a Chile como país invitado, e incluyó en la
publicación una muestra de la literatura chilena actual, con los autores que
visitaron la Feria.
domingo, 1 de mayo de 2016
El poeta anfibio
Presentación de Astrid
Fugellie del libro “Bitácora.com”, de Juan Eduardo Esquivel.
El oficio de poeta, así como el del
académico que contribuye a la sociedad con su labor inasible, nace, y luego se
hace no tan solo con un soplo divino sino, y además, con un trabajo constante,
continuo, responsable y sostenido en el tiempo, cito: pero se trabaja exactamente con barro y con sueño…, como sostenía
en su Ecuación, Canto de la Fórmula Estética, nuestro barroco Pablo de Rokha.
Entender
la voz de quién nos convoca, el poeta y académico Juan Eduardo Esquivel, requiere
conocer someramente ciertos hitos que conllevan su vida, lo vivido, lo ido y,
los sueños de futuro.
Decir
entonces que nace en Santiago de Chile durante el desarrollo, en Europa, de la
Segunda Guerrea Mundial.
Su
formación escolar es pública y laica, liceo Manuel Bulnes y, Victorino
Lastarria.
En
la Pontificia Universidad Católica de Chile, estudia filosofía donde, dicho con
sus propias palabras, cito:…“confirmé mi
desapego a la religión y sellé mi gusto por la poesía”.
El
Golpe de Estado de 1973 significa su exilio, dolorosa diáspora para muchos, México
entonces, su segunda patria.
La
UNAM, Universidad Nacional Autónoma de México lo acoge como alumno en posgrado,
y como docente.
En
Bitácora.com, Esquivel registra, valga la redundancia, una bitácora o diario de viaje, donde forma y
fondo comulgan en reflexiones y poemas del cotidiano, un blog de Internet que
abarca de junio a diciembre de 2014.
La
tensión permanente entre las dos tierras a las cuales pertenece: la patria de
origen que no recupera no obstante, sus viajes a Santiago de Chile, y su constante información de nuestra
realidad, y la otra, México, escenario
de gran parte de su quehacer profesional, y creativo.
Y
esta tirantez de idiosincrasia y cultura no puede sino ser el manifiesto de
un lenguaje, donde se construye el significado,
y el significante del valor humano.
Esquivel
lo sabe, ¡qué duda cabe!: versa en
sus reflexiones el acto de creación poético así como, implícitamente, tanto en
el poema como en la prosa des-vive, y vive la premisa heideggeriana, cito:… el lenguaje es la morada del ser…
A
través de esta ontología Juan Eduardo construye una patria imaginaria, y a la vez nostálgica, así como los negativos
fotográficos de chilenos, denominación con que Enrique Lihn, bautizara el sentido de los poemas de Bolaño,
en cuya tonalidad, nunca puede aprehender en el presente no obstante,
sentar las bases de una nueva
idiosincrasia, la azteca, y cuyo
raigambre no lo deja ajeno a las convulsiones sociales y políticas de esa
tierra de Octavio Paz, de Juan Rulfo.
Pese
a la distancia geográfica y cultural, Esquivel testimonia palabras al remoto
Chile, cito:…sepan que nunca me fui…,
ironizando la carta magna que nos rige como herencia de la dictadura, aclarando
la diferencia entre la imagen de la patria chilena, moldeada desde el poder, y
la otra historia que no siempre la refleja, o sembrando el escepticismo acerca
de los valores que encumbran nuestras fiestas, ésto, en un poema de llamativo lenguaje,
y cuyo título apelativo es: Ya está weno.
Juan
Eduardo Esquivel reflexiona sobre nuestra “nueva idiosincrasia”, aquella que
creció en el país imaginario, la que
perdió en la memoria, partiendo por el habla coloquial, monosilábica, casi
jergática en el Chile de hoy.
Su
texto En breve alude a ese laconismo
conversatorio, a la premura y a la escasa empatía connacional, a la urbe, la nuestra, crecida tan explosivamente, cito:…convertida en una cantidad de habitantes
apremiados por kilómetro cuadrado…
Del
igual modo, contrapone las identidades al describir costumbres, códigos, sustento alegórico de vida y muerte, creencia
de los antepasados, cito:…“crisol
complejo de naciones con sus lenguas y costumbres ancestrales (…) (68 lenguas y
364 variantes)”.
Esta
diversidad de culturas, subculturas y contraculturas, en opinión de Esquivel,
confluyen por sí mismas y cohabitan y, por cierto, sobresalen- una y otra vez
en sustento ontológico- en la práctica de las conversaciones que el turista no
advierte en un principio: el albur, la apuesta hábil de humor y doble sentido.
Pero
no sólo, en esta poética, rampa la cultura de origen. Juan Eduardo, también enarbola acerca del
nacimiento del universo, desde los supuestos científicos del Big Ban.
Sus
conocimientos de física contemporánea dan pie para sembrar un manto de
escepticismo en relación a las explicaciones teológicas.
La
verdad para el poeta, bien conoce nuestra disciplina, está en el Arte, (verdad,
y belleza, (lo feo y/o lindo). Lo insinúa a partir de una reflexión y texto surgidos
del emblemático film La doble vida de
Verónica, del polaco K. Kieslowski.
La
creación, el destino de los hombres, los alcances de la ciencia y de su ética,
el tiempo en su dimensión subjetiva y la intención de atraparlo en la técnica,
los límites de la razón, la memoria emotiva, la posible vida intra terrena, es
su temática.
Esquivel
la desarrolla. Aborda lo científicos, lo filosóficos lo mitológicos, en un despliegue
ecléctico que nos llama al asombro.
Ahora
bien, su vocación pedagógica no es ajena a estos diarios de ruta, las toca
desde diversos ángulos, sorprenden los poemas intertextuales a partir de los
clásicos cuentos infantiles por su aguda ironía y desmitificación, así como los
temas contingentes que afectan al mundo ya sea por la sobre-explotación de los
recursos naturales, inalienable a este desastre, el neoliberalismo desenfrenado
imperante, la codicia exponencial, como en su reflexión Los cuatro elementos, donde refiere una visita junto a amigos al
Valle de Vil calma, Ecuador, lugar donde el autor se pregunta si en el futuro, el aire, y los cuatro elementos cosmogónicos,
habrán, cito:… sucumbido a manos de las
corporaciones globales y el emprendimiento industrial…
Bitácora.com es una compilación
moderna de crónicas de viajes, viajes del mundo subjetivo y objetivo, nuestra América
Latina, al más puro estilo de los cronistas españoles de la conquista no
obstante, conservar el foco de la
creación estética.
Los
diálogos intertextuales en torno de la literatura, con el Cántico Cósmico, de Ernesto Cardenal; el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, de Federico García Lorca; las
figuras inmortales de Gonzalo Rojas y Antonio Machado, e incluso el film Il Postino, basado en la novela Ardiente paciencia, de Antonio Skármeta.
Dos
textos de enfático y enrabiado dolor
cierran nuestra Bitácora.cl. Uno, la desaparición de los 43 estudiantes de
Ayotzinapa, tragedia que, desde México
enluta al mundo entero, otro, lápida al posmodernismo en la ciencia de la
historia.
Este
poeta anfibio entonces, tan mexicano como chileno, regresa con una notable obra
que aporta miradas de horizonte más amplios que el de nuestro valle central y
Cordillera del Andes no obstante, su corazón en la tierra matria.
Gracias
Juan Eduardo querido.
Astrid Fugellie Gezan
Poeta
lunes, 11 de abril de 2016
Los Heraldos Negros
Hay golpes en la vida, tan fuertes...Yo no sé!
Golpes como el odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en mi alma...Yo no sé!
Golpes como el odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en mi alma...Yo no sé!
Son pocos; pero son...Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
de alguna fe adorable que el destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre...Pobre...pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes...Yo no sé!
César Vallejo
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