lunes, 5 de enero de 2015

Chilenera Parra

   

                        (A la memoria de Violeta Parra)


 Viola mía, en la Reina perdimos las dos, ¡y qué barrio más precioso…!

   Es de esperar que al pie

del cerrito huelen,

digo por la santa lucía,

tejas los hilos ma-

macita,

muere de a golpe

toda la vida,

caray, caray.


  
   Así rasgues  cantares,

garganta de puro alivio,

y rimen tus versos

mi Viola,

las enojadas…,

caray, caray.


   En el santiago del  centro, 

yo te lo digo,

rueda tu queja-borrasca,  

viola perfecta,  

caray,  caray…


  
    Ahí se imponen furiosas

las escaseadas,  

para que luego te nieguen,

mi Viola,

   toda mesada.


  
   ¡rompe las aspilleras!,

salva ese entuerto

y échale mano a las cuerdas

de  tu tristeza,  

caray,   caray,

  
   
   Eres una chilenera,

la más hermosa,

que no se apaguen los trinos

de tu guitarra,  

caray, caray.
       

  
   Te olvidan dentro un salario

los alarmantes,

esquirla hecha de angustia

mi diosa,

   certeza de los calvarios…



   
   Desfonda tu pandereta,

de tomo y lomo,

caray, caray

y apaga duro la fiesta,  

en esta carpa,

caray, caray.


  
   La virgencita te llora, te im-

plora,  yo te lo digo,

 y tu chilito consterna, mi reina,

¡duela conmigo!



  …y tu chilito consterna, mi reina,

¡duela conmigo…!




Astrid Fugellie, del libro ARCHIVO 2015.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Anochece


En memoria de Stella Díaz Varín


Nos tapamos el rostro con un escombro viudo
pero igual vemos el mar y el cielo: los mismos delirios 
enraizados
tampoco sabemos que hacer durante el día
salvo tocar la flauta para que se abra la matriz blasfema
donde tú estarás desaprobando ciertas 
sombras, ciertas llamas
o perfumándote para que los salvajes te conduzcan en 
medio de una tempestad de imanes
mira como en ninguna casa nos reciben, como nos cierran 
sus puertas
le temen a tu cabellera, porque tiene el designio de esos 
padres laberínticos
que no tuvieron piedad de la luz e hicieron un lecho 
sobre 
aberraciones de sal.
Vas engrandecida por cenizas lujosas, por armas de hielo 
que te rodean en círculos
hasta que ninguno de nosotros puede entrar, salvo que tú lo 
quieras
salvo que le hagas la señal a la copa y el cielo enrojezca
mientras aquí nos aferramos al polvo jactancioso, nos 
quedamos fuera de todo linaje
mientras la piel atrapa al día y una amenaza de cascara se 
cierne sobre el mundo.
Esos padres laberínticos te están vaciando los ojos, 
infringiendo lo conocido del agua
quedan escombros viudos al centro de la noche
donde tú estarás viendo a los pájaros alcanzar la angustia 
del fuego
mientras nosotros vemos que hombres y pájaros se han 
quedado para siempre en ello.
Te tapas el rostro con una roca cubierta de pelos y te 
despides
la misma que te hace odiarnos, la misma que altera las 
restauraciones
le otorgas a las lámparas la locura de los cadáveres, pero se 
la quitas sin decir nada y resta nada más ver como son las 
alas
ahora que ningún abismo le falta a la luz.


Rodrigo Verdugo
En "Ventanas Quebradas"