miércoles, 18 de febrero de 2015

El laberinto


   Por las veredas,  

las bailarinas parían un canto que a nada

   conduce, salvo

al laberinto.


   Las mozas penden, las  unas

las otras,

   de esa calle rara y carente de embrujos.


   Ventea el misterio,

apaga la calle

   y hay manchas andando sus lutas esquinas

por momentos:- ¡voces!  

   y el magnolia demacra

y los títeres desangran.


   Se percibe el riesgo,

la calle está en negro, y
  
un cuerpo camina la vía desierta,

entre musgo viejo cadencia

   su alma

y a nadie le importa, salvo

   al laberinto.


   Todo pende de hilos confusos,

todo,  alma y destino:-¡cómo si no

   padeciéramos  el mismo castigo!



Astrid Fugellie
 Del libro Libro del Mal Morir (2015)

lunes, 9 de febrero de 2015

La figura


   Era la noche, era de espíritu la noche,

y era tu cuerpo

   era de espíritu tu cuerpo llegando

a mi lecho

   sentándose atormentado

derrumbándose:-¡lo vi!


   Supe entonces que vagabas alma en pena 

vagabas.
  

   De algún modo me sorprendías: -¡existe!, dije                       

aquí              allí              

   bajo el agua del jarrón,

frente al muro de  la pieza,  

   sobre el anillo de la luna:-¡no lo sé!


   En mi  dejaste  

una gruta sin término en el vientre.
     


Astrid Fugellie Gezan
De “Libro del Mal Morir” (2015)