miércoles, 16 de abril de 2014

Entrevista a la Poeta Astrid Fugellie





¿Cómo ha logrado conseguir, dentro de su poética, aquel avizoramiento tan riguroso y metafórico que le son característicos?

En mi caso particular, pienso, no sin antes agradecer tu elogio que, todo avizoramiento riguroso y metafórico lo he ido adquiriendo con el tiempo en un trabajo diario, solitario y permanente donde, la meticulosidad en el oficio me ha llevado a la precisión, a la exactitud, al rigor en la palabra, el verbo y su armonía, su simetría, su medida o mesura en relación con el texto.

Lo dicho con antelación, se contextualiza en profunda comunión con aquel sentimiento que te habita como experiencia de vida, mediata y/o inmediata, advirtiendo que mi escritura, vale decir, el decirme, departirme, exteriorizarme, desnudarme, proponerme, razonarme haciendo buen uso o desuso de la palabra, forma parte de la necesaria, para mí, autorregulación del espíritu, construyendo siempre, no obstante, Poesía dentro de la POESÍA.

¿Cuál es su fórmula, cual el procedimiento?

Escribir todos los días, incluyendo festivos y vacaciones, considerando que el trabajo fascinante de leer, es escritura, el de pulir, es escritura, el de crear, es escritura, en fin, Rodolfo querido, el Poeta nace y se hace cotidianamente.  La inspiración raramente cae de los Dioses del Olimpo…, cuando esto sucede, es éxtasis, es absoluto, naciendo, como resultado, generalmente un texto redondo, acabado. ¡He aquí el bendito misterio y milagro de la creación!

Resumiendo, escribo, refrigero, (dejo en stand by meses y/o años), reescribo, y termino o siento que termino cuando, saco la última palabra que sobra. Sin embargo, jamás estoy conforme con lo que hago por lo que no vuelvo a leer los libros que he hecho. Sólo me gusta el que estoy haciendo, el último que aún no concluyo.

¿Cómo es la publicación de sus libros para un poeta?

  Es lamentable la brecha que existe entre la publicación de prosa y/o ficción con la ninguna o muy poca del género lírico. A mi entender esto se debe al modelo neoliberal imperante, cuyo objetivo es cantidad versus calidad. La poesía  no vende por tanto, las Editoriales no se interesan en publicarla. En lo que respecta a mi país, la complejización de la economía nacional bajo el impacto del modelo neoliberal imperante, implementado por la Dictadura y continuado por los gobiernos democráticos a partir de 1990, junto con la creciente inserción en la economía mundial, ha calado en los grupos económicos donde se insertan las Editoriales (interconexiones entre Empresas y/o Holdings) cuyo propósito es la venta masiva. Como la poesía se lee poco o no se lee, según ellos, no les conviene publicarla por lo que, infortunadamente, nos vemos en la obligación de auto editarnos. Te repito, Rodolfo, esto es lamentable, qué duda cabe.

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Cuéntanos sobre la publicación “La Generación de las Palomas”.

“La Generación de las Palomas” es un libro antropológico que abarca desde la niñez a la adultez.  La descoordinación de las palabras pero también de las ideas, como pedía Camus, no es arbitraria en aquel conjunto de poemas internos que, a través de la formación anómala, alterada de oraciones y conceptos versificados, tratan de dar cuenta de mi generación diezmada (otros llaman generación NN) que por razones tan dolorosas como, por ejemplo, la que llamo “Historia Negra”,  la Dictadura, ese Golpe que nos dejó moraduras, que nos cercenó a edad temprana. De ahí, mi necesidad de romper el orden ya irrupto en mí y en mis hermanos. En lo que se refiere a los testimonios o capítulos, quise di-rumpir nuevamente con una cuasi prosa poética y arcaica a la manera del  Popol Vuh, por darte un ejemplo.

    

Cuéntanos de tu ciudad natal, de tu niñez, de cómo el terruño influyó o no en tu impronta.

Punta Arenas, a la que inmemorablemente llamo: una “Especie de País Des-poseído”, es mi ciudad natal. Provincia o, como la bautizaron, “República Independiente de Magallanes” es un terruño fascinante. Helada, de invierno perenne no obstante, la pasada intermitente por el día calendario, de las cuatro estaciones del año: Otoño, Primavera, Invierno, raramente Verano. 

Aldea brillante, pulcra, contradictoria donde, se remite el tiempo remoto y presente de mi niñez con sus veranos de cuatro horas nocturnales y sus inviernos de cuatro y/o cinco horas de claridad.

Hasta estos Lares llegaron mis abuelos (pioneros de esas tierras) Inglés e Irlandesa por parte paterna, Austro-Húngaro Francés y Croata por parte materna. De sus adorables árboles torcidos por el viento, de sus soles y sus lunas frente a frente (por cercanía con el polo sur), de sus cielos multicolores donde el arco iris habita siempre, heredé el asombro, de sus 20º bajo cero, de las raíces de su botánica, la fortaleza. De mis antecesores cayó mi risa fácil, mi espíritu acogedor, mi capacidad de mofarme de mí misma, mi vocación innata de hacer hogar. Mis primeras incursiones a la poesía y mi gusto por la estética la viví en ese despertar ingenuo, en medio de los jardines y quintas, de los sótanos habitados de arlequines y fantasmas tanto, en la casa materna,  en la estancia paterna como, en aquellas fascinantes moradas de mis abuelas, matriarcas poderosas que me donaron “su amor por la vida y por la muerte como en uno solo y adventicio milagro”.

Finalmente y para redondear mi querido amigo te advierto que, a pesar de vivir ya más de 40 años en la capital de Chile, necesito cada cierto tiempo reencontrarme con mi “País” ya que, como dijera nuestro “buen chillanejo Nicanor” (Parra), nunca  termino  de llegar a Santiago.


 Rodrigo García, Colombia, 2008

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