martes, 27 de mayo de 2014

Theodoro Elssaca inaugura el Ciclo Internacional “Poetas de otros mundos”


El poeta y artista chileno recitará este domingo en el Salón 7 de Copas, para inaugurar la primera edición del ciclo internacional "Poetas de Otros Mundos", fundado por Ángel Guinda y el sello Olifante.


"Quiero presentarles al Poeta Theodoro Elssaca, venido de la lejana tierra de Neruda, poseedor de este enigmático apellido Elssaca, que ya me suena a posteridad: Balzac - Elssaca - Baudelaire. Escuchemos su poesía intensa y poblada de imágenes". Así saludaba Rafael Alberti, en 1986, la aparición de Theodoro Elsacca (Santiago de Chile, 1958), que ya había residido en varios lugares de Europa, entre ellos París y Madrid, y que ya tenía varios libros a su espalda: ‘Arte de morir’ (19183) y ‘Viento sin memoria’ (1984).

Elssaca ha sido invitado por Ángel Guinda a inaugurar el ciclo ‘Poetas de otros mundos’, este domingo, a las 19.30, en el café 7 de copas (calle Blancas), un acto promovido por el poeta y la editorial Olifante desde el Fondo Poético Internacional "que nace en recuerdo de la Oficina Poética Internacional (OPI) de Miguel Labordeta, y tiene delegaciones en varios lugares".

Theodoro Elssaca cuenta con una decena de poemarios que recopilar en ‘Travesía del Relámpago’ (Vitruvio, 2013), donde incorpora varios poemas inéditos, entre ellos ‘Viaje al fin de la noche’, que le inspiró la muerte de su hijo Américo, que nació de su relación con una mujer española, y también incorpora siete caligramas. A Elssaca, artista plástico y fotógrafo con numerosas exposiciones, le encanta improvisar caligramas a la manera de Apollinaire. Dice casi a modo de poética: "El tema de mi poesía es una búsqueda de respuestas a las grandes preguntas sobre el origen desde una perspectiva antropológica. Una búsqueda del sentido. Es una poesía sobre las raíces, el viaje, la memoria y la naturaleza, y también expresa el asombro ante las cosas esenciales que ya no vemos".

"Antes de ser parido, ya era poesía", escribe el autor chileno en su ‘Ars poética’. Agrega luego: "En la madurez de mi poesía, ya no contemplé tanto la piel de las palabras, sino que inicié un sagrado periplo al interior de cada una, para saber de ellas, para otear sus pensamientos, advertir sus gestos o ademanes y celebrarlas hasta besar su alma". El libro ‘Travesía del Relámpago’ lleva un prólogo de Ángel Guinda.

La historia de Elssaca es muy literaria: hijo de un pensador y de una concertista de piano, conoció, con sus padres y a los trece años, a Pablo Neruda. Lo vio hasta en tres ocasiones "porque nosotros veraneábamos muy cerca de Isla Negra". Una vez les dedicó a sus progenitores el ‘Canto General’; otra se citaron en un café.

"Neruda me pareció un oso polar gigante, un hombre fascinante y cariñoso. Jamás he podido olvidarlo". Como tampoco ha olvidado a su amigo Nicanor Parra: forma parte del comité de honor del centenario de su nacimiento, que se cumple en septiembre y Nicanor parece que llegará a él. "Nos hemos visto, hemos hablado. Siempre recordaré el día que me llevó a su casa, a una especie de almacén de libros, buscó entre sus cosas y me enseñó la última carta que le envió su hermana Violeta Parra, antes de suicidarse. Ella, entre otras cosas, le explicaba el dolor que le había producido que en su país no hubiera encontrado una sala para exponer su pintura, sus bordados, sus papeles, tras haberlo hecho en el Museo del Louvre de París y en Bruselas. Fue una experiencia particular: la mujer que escribió y cantó ‘Gracias a la vida’, acabó suicidándose. Y esa carta confesaba su dolor".

La vida de Theodoro Elssaca está llena de aventuras. Fue dado por muerto tras una expedición al Amazonas, en la que fallecieron tres compañeros, a los que dedica un poema, y viajó a Isla de Pascua, donde hizo uno de sus mejores libros de fotografía en color. Intentó acercarse al enigma de sus habitantes, con su peculiar forma de vida que abraza el misterio y una compleja relación con la naturaleza, la antropología y el esoterismo.

En su paso por Aragón, ha traído un libro de relatos: ‘Fuego contra hielo’ (Verbum, 2014), una treintena de cuentos de atmósfera mágica que transcurren en diversos lugares del mundo: Buenos Aires, Valparaíso, Estambul... "Mis cuentos son como un gran bosque donde los lectores son invitados a penetrar para disfrutar de una lectura gozosa".

El Fondo Poético Internacional y la Editorial Olifante otorgaron a Theodoro Elssaca el Primer Premio "Poetas de Otros Mundos". El prestigioso galardón le fue entregado por el Cónsul de Chile en Aragón, Sr. Pedro Valdivia, el poeta Ángel Guinda y la editora de Olifante, Trinidad Ruiz Marcellán.

Elssaca, enamorado de la Aljafería, de los museos de Pablo Gargallo y Pablo Serrano o de Goya, se siente muy orgulloso por inaugurar este proyecto de ‘Poetas de otros mundos’ que ha creado el Fondo Poético Internacional presidido por Ángel Guinda, premio de las Letras Aragonesas de 2010, y la editorial Olifante. A Elssaca le sucederán Ahmad Yamani (Egipto), Mohsen Emadi (Irán), Subhro Brandopadhyay (India), Casimiro de Brito (Portugal), Thomas Boberg (Holanda), Natalia Handal (Palestina), Rita Baldassari (Italia) y Andrés Unger (Perú).

Meditar de sirenas: una evocación de lenguaje y sensaciones que nos habitan ‘desde antes del alfabeto’


Soñar con semillas escritas por la luna
 …Espaldas desnudas de geografía y rutinas
…Sueños que se desarropan de todo follaje

Ivonne Gordon Carrera Andrade, Meditar de Sirenas, Simón Editor, Suecia, 2013
 
Por Pilar Melero, Ph.D.
Universidad de Wisconsin-Whitewater

Me he permitido el paso a esta reseña del libro Meditar de sirenas, de la escritora ecuatoriana Ivonne Gordon Carrera Andrade, con palabras que se nos escapan de las páginas del poemario para posarse leves en el pensar de quien las bebe, pues es difícil resistirse al lenguaje evocador de mitos de la poeta.

Si bien el título del poemario nos remota a la Ilíada homérica con sus sirenas, y aún cuando el poemario en sí juega con la imagen de Penélope tejiendo espacios en el discurso marino de un Ulises que todos conocemos, es la delicia del lenguaje, la novedad de la imagen, y la innovación del mito la que nos acerca a nuestras sirenas. Empecemos por el título. El embrujo de las sirenas de Gordon Carrera Andrade viene no de cantos marciales, sino del meditar sereno con el que la poeta viste el lenguaje de su poemario. Con ello, y quizá sin proponérselo, la poeta reclama el espacio del pensar para ese ser mitológico a quien tradicionalmente se le ha considerado cuerpo.

El pensar le viene en imágenes nuevas a nuestras sirenas, “en el caracol del tiempo [donde] las vocales siguen en alerta” (11) suspirando “sonidos de vidrio” (11), y donde “el olor vive como ráfagas de nada” (12).

“Con un lápiz gigante dibujaré tu espacio para llenarlo de mi cuerpo que busca la luna entre los huesos” (13) escribe Gordon Carrera Andrade, mientras se nos dibuja columpiándose en la luna (17), con palabras que se nos revelan llanas en “la voz antigua de sal” (18). Es un poemario en el que “el azar cuelga de un clavo en la puerta…hasta cubrir un puñado tricolor de la luna” (21-23).

Ahora bien, en este juego de sirenas desmitificadas, ¿dónde queda Penélope? La Penélope de Gordon Carrera Andrade más que tejer para destejer y esperar, cose, y cose para sí, por determinación propia. “Voy a coser con el hilo del viento”, sentencia,” (27), pero antes se ha creado una identidad muy suya con la que juega a ser. “Me convertí en sirena,” anuncia (23), “Con un hilo cosí mi cuerpo.”

Así, nuestra sirena confecciona “madrugadas y atardeceres sobre el lienzo plateado del sereno” (27) y nos regala campanas que “dicen algo deshabitado” (38, ¿quién sabe si el deshabitar no sea habitar de nuevo, ergo, cantar y contar la meditación de las sirenas?)

Gordon Carreara Andrade, en sublime pensar de sirenas, nos transporta a universos donde “Los presagios suenan a pasos de hojas sin destino… y la voluptuosidad taconea la timidez de la luna” (40). A un mundo habitado por “gemidos de la luna en la mirada,” y donde la voz poética se da el lujo, muy a lo Elena Garro en La semana de colores, de jugar con el espacio temporal al permitirse “guardar en la orilla del cielo, este día” (43).

Hay ecos que nos llevan a la argentina Ana María Shua en la fuerza parca del relato poemado o poema relatado; y aún se da el lujo, nuestra poeta, de adentrarse en la obscuridad de la gramática, con la voluptuosidad con la que arremetiera la mexicana Coral Bracho con lenguaje científico en El ser que va a morir. “Dónde va el acento en el marco del deseo,” pregunta la voz poética de Gordon Carreara Andrade. “Dónde poner la tilde en cuerpos que se reconocen desde antes del alfabeto” (47).


​Ésta es la poesía de Meditar de sirenas, una evocación elocuente y voluptuosa de lo que se puede hacer con el mito, con el lenguaje, y con sensaciones que nos habitan, “desde antes del alfabeto.”

Una poesía esculpida al tacto




Ivonne Gordon Carrera Andrade, Meditar de Sirenas, Simón Editor, Suecia, 2013.

 Ximo González,
 Valencia, España
 
 
Ivonne Gordon Carrera Andrade, poeta ecuatoriana residente en Estados Unidos,men su poemario, Meditar de sirenas entona con sus versos un canto de milenario subyugante que nos atrapa y nos conduce plácidamente hacia un mundo preñado de imágenes evanescentes fluidas, etéreas, fugaces… pero, al mismo tiempo, atadas a la realidad, “al camino pisado cada noche”, con los sentidos despiertos, “esculpidos al tacto”.

Su mundo poético es un tiovivo en el que desfilan incesantemente las criaturas más insignificantes de la fauna natural y los conceptos más abstractos del pensamiento humano.

Originales metáforas nos sorprenden agazapadas en cada verso; más aún, cada poema es una obra de arte, elaborada con la más excelsa materia poética que existe, la metáfora, trabajada magistralmente por Gordon Carrera Andrade.

En el fondo del mar encontramos, de la mano de Ivonne, la clave del mayor misterio humano, el amor, en el “silencio de los corales”.

Para nuestra poeta, el éxtasis amoroso se convierte en (ín)tasis; es decir, un éxtasis hacia dentro, como baúl de los recuerdos sentimentales.

Como en el mundo maravilloso de Alicia, la poeta ecuatoriana nos lleva a su mundo a través del espejo; allí, después de convertirse en sirena, todo es posible: existe la “plena libertad”, no se conoce “ni la distancia ni el olvido”, se puede “dibujar la eternidad en una mirada”. Allí también reside el origen de la palabra, del lenguaje y, por consiguiente, de la poesía. Para ella, el lenguaje, la comunicación es un acto esencialmente amoroso; y de manera metafórica genial, lo presenta haciéndolo nacer en “la hoquedad de tus brazos”.

La "inmersión" en el océano de poesía de nuestra sirena ecuatoriana es una experiencia inefable e inenarrable, que nos deja transmutados, ávidos de más y más versos y metáforas.

Ximo González
Poeta
Del Grupo Poetas sin sofá
España